Posteado por: volovan | Junio 24, 2009

Estética y comida

“No hay ningún plato occidental, con excepción quizá de las ensaladas y los rábanos, del que pueda decirse que tenga un color atractivo. No puedo juzgar su valor nutritivo, pero desde el punto de vista artístico su comida es tremendamente bárbara. La comida japonesa, por el contrario, ya se trate de una sopa o entradas de pescado crudo, es siempre bella. Tan placentera para los ojos que vale la pena entrar en una casa de té sólo para ver los platos que se despliegan ante uno, incluso si nos retiramos sin probar bocado.”

Kusamakura (Almohada de hierbas), de Natsume Sōseki.

Posteado por: volovan | Junio 23, 2009

Campaña invasiva

No recuerdo una campaña de votaciones peor que la actual. Malos comerciales, malos spots, malos carteles, malos medios y sobre todo pésimas propuestas. Pero que no dejen hacer ni ejercicio, es el colmo.

El domingo, por primera vez en mi vida me uní al recorrido del ‘gato’. Quienes suelen salir a rodar, sabrán de qué se trata. Quienes no, ahí les va la explicación. Quién sabe desde hace cuanto, cada domingo a las ocho de la mañana un grupo de ciclistas se juntan en Insurgentes a la altura de los helados Chiandoni (las heladerías siempre serán mi punto de ubicación), para de ahí rodar hasta el deportivo de Cuemanco. Cualquiera se puede unir y será bienvenido. Pero eso sí, lo advierto, si no te ves superpro con bicicleta de carbonato de sodio, ropa entallada y tenis que sólo sirven si estás sobre una bicicleta, te mirarán como a vegetariano en un rastro. Fuera de eso, todos son reamables y se cuidan. Una gran experiencia, se las recomiendo. Pero de eso no trata este post.

A lo que voy, es que mientras estaba entre la parvada de bicicletas cuidándome de no pegarle al de adelante ni al de al lado ni al de atrás, un tipo en motocicleta se colocó a mi lado. Y pa’ pronto comenzó a hacerme plática. Mientras yo me preocupaba en hacer bien los cambios, o mantener el ritmo, o esquivar los baches, el tipo no paraba de decir cosas como: “Salir a andar en bicicleta es un privilegio que todos los capitalinos deberían tener.” “No hay mejor forma de empezar un domingo que con una bicicleta y tus cuates.” “Los automovilistas no respetan a los ciclistas por falta de información.” Etcétera. Más o menos me imaginaba donde iba, pero no lo creía posible, hasta que soltó: “Por eso, el Partido bla, bla, bla, tiene una propuesta para implementar un reglamento que proteja al ciclista…” No mames, es el colmo. Al rato un tipo tocará en la puerta del baño y en lugar de preguntar si está ocupado, me dirá que el Partido Verde patrocinó el papel reciclable que usaré.

Sé que es mi deber votar, pero… Chale.

Posteado por: volovan | Junio 18, 2009

ID pidata

Antes que las credenciales de elector existieran y los antros se incendiaran, la vida de los adolescentes era mucho más divertida. A los 14 o 15 años podías entrar a un antro. Claro, había todo un sistema para poder lograrlo.

Primero, el disfraz. Para verte ‘más grande’ te tenías que vestirte más formal y peinarte de una forma seria. Por ejemplo, cuando mi hermano me llevó al primer antro (cof, cof, Tiffanys), me prestó unos pantalones y una chamarra de piel con hombreras (¿qué?, eran los 80) y me aconsejó relamerme el cabello con mucho gel. El resultado, un niño de 14 años con disfraz de gánster.

Luego, pasar inadvertido. Por mucho que te vieres ‘más grande’ con ropa y peinado de adulto, cualquiera que te mirara con detenimiento se daría cuenta de tu edad. Así que al momento de estar frente a la cadena, lo único que podía hacer es: esconderte y dejar que el más grande de todos tus amigos fuera el que hablara con el cadenero. Cuando este mirara hacia el grupo, lo mejor era mirar al piso o voltearte a platicar con alguien. Con un poco de suerte pasabas entre la ‘bola’. Esto funcionaba mucho mejor si entrabas de la mano de alguna amiga de tu hermano mayor o primo.

Al final, la ID. Pero por lo general, esto no servía y justo cuando te agachabas para pasar por debajo de la cadena, el cadenero te detenía y decía: “¿Identificación?” Era ahí, cuando con toda la tranquilidad del mundo sacabas de tu cartera una de estas:

La copia en miniatura de tu Cartilla militar pirata. Entonces, además del pasaporte ésta era la única ID oficial. Y cualquiera, con un poco de liquid paper, tinta negra, una máquina de escribir y una foto infantil podía hacer una. El procedimiento era sencillo: sacabas una copia de una Cartilla militar origina; con el liquid tapabas los datos que querías cambiar y después, con la máquina de escribir, ponías los tuyos; colocabas tu foto sobre la original y marcabas tu huella digital sobre ella; por último, le sacabas copias, la reducías y enmicabas. Listo.

Así que cuando el cadenero te decía: “¿Identificación?” Con cara de molestia sacabas de tu cartera la cartilla. Lo que venía después era un trabajo mental. El cadenero preguntaba “¿qué año naciste?”, y tú sin chistar contestabas: 1973. “¿Cómo se llaman tus padres?, ¿en qué calle vives?, ¿delegación?…” Si te habías memorizado bien todos los datos y contestabas con naturalidad, seguro estabas del otro lado.

Si nada de esto funcionaba, siempre estaba el recurso de la mordida al cadenero. Pero a los 14 o 15 años lo más que llevabas en la cartera era para el cover y una chela.

Posteado por: volovan | Junio 17, 2009

Mi primer recuerdo

Algunos no lo creen. Piensan que no es posible mantener un recuerdo de una etapa tan temprana. Y sí es algo sorprendente, pero estoy seguro que sucedió. Además, mi madre me lo confirmó cuando se lo platiqué. Mi primer recuerdo es el siguiente:

Estoy dentro de una pequeña tina de plástico azul. Mi madre me sujeta con una mano la cabeza, y con la otra, la espalda y parte de las nalgas. El agua, un poco más caliente de lo habitual, me cubre por completo el cuerpo, con excepción de la cara y parte de la cabeza. Aunque me gusta la sensación, estoy intranquilo, pero no lloro. Mi madre, con una especie de refractario de plástico transparente, me vierte agua con cuidado sobre la cabeza mientras me cubre los ojos con la palma de la otra mano. Alguien se acerca. Es mi hermano mayor, quien para mirar cómo me bañan se pone de puntitas y se sujeta con las manos sobre la tina de plástico azul. Algo le dice mi madre. Algo le contesta mi hermano. Los dos sonríen. Yo no entiendo lo que dicen; apenas tengo unos cuantos meses de nacido. Pero también me río.

Posteado por: volovan | Junio 11, 2009

Mal chiste de cierre: teclado para rubias.

Gracias a SimonVStheWorld que puso en su Twitter esta imagen, me alivianó el cierre. Acá el link para ver la imagen en grande:

Posteado por: volovan | Junio 10, 2009

Nuevo gabinete de seguridad

Como toda empresa, en las paredes de los pasillos de la Editorial puedes ver un gabinete con objetos de seguridad o contra incendios; tipo extintor, hacha, casco y, al parecer, una chamarra contra fuego. Pero ayer, el gabinete que estaba fuera del baño lo cambiaron por este:

Por más que pienso no entiendo bien para qué sirven estos objetos en una situación de emergencia como un temblor o incendio. Pero me puedo hacer una buena idea para lo que sirven.

Megáfono: para pedir ayuda a gritos, o pregonar la palabra del señor.
Chaleco: por eso de que todo el mundo siempre busca un mesero cerca, o por si la tragedia es el diluvio universal.
Silbato: para organizar una batucada, o una gran víbora de la mar (siempre que hacen una en las bodas, todo mundo se mueve más rápido).
Gorra: para que no se te chamusque el cabello, o para disfrazarte como Adal Ramones (en una de esas alguien te ayudaría a morir más rápido y así no padecerías tanto sufrimiento).
Paleta: esto sí está claro. No hay nada mejor que una Tutsi Pop para bajarte el susto.

Posteado por: volovan | Junio 8, 2009

Esto es el jazz, carajo

“–El saxo alto de anoche era increíble… En cuanto se hacía con ESO ya no paraba… Nunca he visto a nadie capaz de mantenerlo tanto tiempo… –Yo [Kerouac] quise saber qué era ESO–. Ah, bien… –dijo Neal, riendo. Me preguntas cosas que no se pueden medir… ¡Mmm…! Verás. Tenemos a un tipo que está tocando para la gente, ¿de acuerdo? Es cosa de él expresar lo que está en la mente de su auditorio. Empieza con un apunte, un bosquejo de sus ideas; la gente dice sí, sí, pero adelante, ve a por ello, y entonces él asciende hasta las alturas de sus destino y sigue tocando así sin desfallecer… De pronto, en algún momento, en medio del tema que está desarrollando, ATRAPA ESO… La gente alza la mirada y lo sabe: escucha, y él, que lo ha cogido, sigue. El tiempo se detiene. Él, al tocar, está llenando el espacio vació con la sustancia de nuestras vidas. Tiene que tocar al otro lado de los puentes y regresar, y hacerlo con tal infinito sentimiento para con la melodía del momento que todo el mundo sabe que no es la melodía sino ESO…”

Neal Cassady, En la carretera (El rollo mecanografiado original.), de Jack Kerouac

Posteado por: volovan | Junio 2, 2009

Estoy estancado

No he posteado porque no tengo nada que decir. Si en verdad este bló fuera, como lo dicen varios blogeros, una extensión de mi casa. La única imagen que podría describir aquí sería: yo, llegando a la casa tarde y cansado; me quitaría la ropa, me quedaría en boxers, prendería la televisión y jugaría algún videojuego o, en un buen día, miraría una película. Esto no es lo que hago en realidad, pero así es como me siento. Paso por un momento de suspensión que, bien sé, antecede a uno de mucho movimiento. Ya no escucho pláticas absurdas. Ya no veo imágenes simpáticas ni se me ocurren buenos temas. Y como no tengo nada bueno que decir, mejor no diré nada.

Voz en off de la conciencia del Volován: primero el post de que no querías ser cómo tu papá, y ahora esto, ¿qué pretendes, que esto se vuelva como el diario sufrido de una adolescente?

Voz en off del Volován: justo este tipo de post pasan porque no haces bien tu trabajo.

Voz en off de la conciencia del Volován: yo lo hago rebien. Desde cuándo te estoy jodiendo con que vayas con un psicólogo.

Voz en off del Volován: qué psicólogo ni qué ocho cuartos. Ya viste lo que pasó cuando fui, hasta tú estabas aburrido.

Voz en off de la conciencia del Volován: momento, yo estaba poniendo atención, eras tú quien se la pasó pensando en helado y en lo que postearías al respecto.

Voz en off del Volován: lo ves, entonces pensaba en todo momento lo que publicaría en el blog. Ahí está la clave, con lo del entrenamiento no he comido helado. El helado es felicidad. Sin helado no hay felicidad. Lo tengo…

Voz en off de la conciencia del Volován: no empieces con esas cosas. Lo que tú necesitas es ir a ver…

Voz en off del Volován: un helado. Un Häagen-Dazs de café, o de higo con vino blanco, o de tiramisú, o de…

Voz en off de la conciencia del Volován: p-s-i-c-ó-l-o-g-o.

Voz en off del Volován: Häagen-Dazs. Roxy. Ben & Jerry’s. Gelatos…

Voz en off de la conciencia del Volován: renuncio, no puedo contigo.

Voz en off del Volován: hasta con un Holanda me conformo. Ya sé, ya sé, una paleta Mágnum de…

Posteado por: volovan | Mayo 28, 2009

Fui víctima

Productos estúpidos hay muchos. Y estúpidos que compran estos productos, los hay más.

Yo me jactaba de nunca haber comprado esta clase de productos inservibles. Ningún aparato que te da toques para sacar cuadritos en el estómago, ni una plancha de vapor de esas que deja una camisa sin arrugas en un segundo, ni un horno que puede cocinar una vaca, un pavo y un camarón de una sola vez, ni… Nada. Estaba vacunado a los informeciales.

Pero un día, se me presentó una situación nueva: tenía que quitar manchas de pintura sobre un piso de madera. Así que fui al super para ver que podía comprar para tal propósito. Mientras buscaba thinner o gasolina blanca en el pasillo de limpieza, la vi: una gran botella con un líquido entre transparente y amarillo. Me acerqué para mirar bien que era esa maravilla. La etiqueta tenía varias fotografías con todas las manchas posibles: vino tinto sobre una alfombra blanca, chicle en un sillón, aceite en un tapete y, por supuesto, pintura roja sobre duela. Además, tenía como mascota una naranja fuerte y en letras grandes decía: ELIMINA TODO TIPO DE MANCHA. La solución a todos mis problemas. Llegué a la caja, pagué 250 pesos y me fui, según yo, superarmado para quitar las manchas del suelo.

Con botella en mano y con las instrucciones memorizadas, vertí un chorrito del líquido mágico sobre la mancha, dejé que absorbiera bien, y con un trapo limpio tallé un poco. Nada. La mancha seguía idéntica. Repetí el procedimiento, pero esta vez puse más líquido. Nada. De nuevo, pero ahora la mitad de la botella. Nada.

Al final compré una botella de thinner en la tlapalería por 20 pesito y quité las manchas. Todavía tengo guardada la méndiga botella de Goo Gone, que para lo único que me ha servido es para quitar estampas de mi lavadora.

Ahora que la google para ilustrar este bonito post, me encontré con este video.

“…ooey, gooey, gunky muck. Goo. Gone. Goo. Gone…” De pronto me entraron unas ganas incontrolables de quitar manchas… “greasy, grimey, gummy stuff… Goo. Gone. Goo. Gone.”

Posteado por: volovan | Mayo 26, 2009

La historia de mis calzones

Hoy, por un ‘accidente’ que sufrí al correr en la playa con traje de baño (¿ya se lo imaginaron?), tuve que ir a comprar de esos calzones-boxers pegados que usaré para hacer ejercicio. He de confesar que nunca había comprado de este tipo porque no me gustan. Para mí, los calzones tienen dos funciones fundamentales: higiene y comodidad. Y estos boxers no son cómodos. Sí, sí, según las mujeres son sexys y todo eso, pero qué caso tiene usar algo “sexy” si nadie te los verá, y si por algo te los llegan a ver, en menos tiempo de lo que acaban de leer esto ya te los quitaste. Y mientras llega ese momento tienes que aguantar que aquello esté tan apretado como Garfiel en parabrisas.

A diferencia de las mujeres que conozco, y de algunos hombres, a mí nunca me ha interesado la ropa interior. De niño usé, como todos,  trusas (sí, trusa, que es muy distinto a tanga o boxer) con dibujos de superhéroes o los Rinbros típicos. Como estos:

fant-f
Más grande, cuando el asunto comienza a colgar y necesita más libertad, me di cuenta que la mejor opción eran los boxers holgados. (No entiendo a los tipos que usan tanga; se ven mal y, me imagino, se han de sentir horrible.) Por supuesto, como buen adolescente compraba calzones “simpáticos”, de esos que tenían un estampado de chiles, tortugas teniendo sexo, o los que decía “Bienvenida” en la parte de adelante mientras que la de atrás decía “Aléjate”. Es más, llegué a tener unos que brillaban en la oscuridad. Más o menos así:

grande

Luego, cuando comencé a tener novias que me veían los calzones muy seguido, compraba boxers sin estampados o muy sencillos. Hasta llegar ahora que, por el ejercicio, tengo que comparar de esos pegados e incómodos. (No pondré una imagen porque, como lo hacen con las cajas donde vienen, en todas aparece un “modelo” enseñando el paquete, y neta, es incómodo. Señores fabricantes, en las cajas pongan sólo los calzones, por favor ahórrense el modelo.)

Lo que sí, y cruzo los dedos, es que espero nunca utilizar unos como estos:

FD011_2

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