Han sido un par de semanas difíciles. Dolorosas. Me rompí una costilla un día antes de que mi chica, con la cual he vivido cuatro años y andado cinco, se fuera un año a vivir a Londres.
Es obvio que estos dos hechos no tienen nada que ver entre si; mi chica se fue a hacer una maestría, mientras que la costilla me la fisuré en un partido de futbol. A pesar de eso, los dos tienen algo en común: el dolor. Uno físico y el otro emocional. Los dos con la misma intensidad.
Quienes se hayan roto o fisurado una costilla, sabrán que el dolor es muy peculiar. En cuanto te sucede, el dolor es como el de un golpe cualquiera. Incluso pasa casi inapercibido (me la rompí en el primer tiempo, y todavía jugué el segundo). Conforme el músculo se enfría, la molestia se intensifica. Aún así, es muy soportable. Sólo tienes que tener cuidado en no hacer ciertos movimientos bruscos: doblarte, acostarte de lado, etcétera. El problema viene luego, cuando pasan los días. Según mi doctor, conforme pasa el tiempo el dolor se incrementa hasta llegar a un clímax; pasa de una dolencia muscular, semejante a una contractura, a un dolor del nervio, parecido a cuando el dentista toca uno en una endodoncia. A mí, el clímax me llegó casi una semana después. Y fue tan fuerte que durante dos días no logré moverme de la cama. Después de esto poco a poco disminuye hasta que, más o menos en dos meses, desaparecerá por completo (espero).
Bien, el dolor al separarte de tu pareja es semejante. Mientras la miraba despedirse de mí en el aeropuerto, sentí quizá la tristeza más aguda que he sufrido. Hasta se reflejó en una opresión físico en el pecho. En cuanto llegué a casa, pensé que eso sería lo peor. Error. Al igual que el dolor en la costilla, el dolor también se ha incrementado conforme pasaba el tiempo. A veces se estabiliza, es cierto. Pero, como los movimientos bruscos, es suficiente ver un suéter que dejó, un cajón vacío, una foto… para que el sufrimiento brote de nuevo. La diferencia con el dolor físico es que este perdura, aunque sea de una forma muy sutil. Y no hay analgésicos. Para sanarlo por completo tendría que estar de nuevo con ella. (Pronto, espero.)
En cualquiera de los casos lo único que se puede hacer es ser paciente y pensar que algún día pasara.
(Por cierto, este es el segundo gran cambio.)











