Posteado por: volovan | octubre 23, 2008

El día en el que no quise entrar al cielo

Mi nana (en realidad no era nana sino la señora que nos ayudaba en la casa, pero como su única labor era cuidarnos a mis hermanos y a mí, en teoría era nuestra nana), era una vieja medio enojona, medio descuidada en la higiene, de buen corazón y muy parlanchina, tanto que cuando paseaba a Candy (mi perra) hablaba sola. Por lo mismo, cuando no estaban mis padres, era costumbre entre mis hermanos y yo irnos a sentar en un banquito en la cocina mientras ella lavaba los platos, o nos preparaba un pan Bimbo con mantequilla y azúcar o una jarra de agua de limón, para así escucharla durante horas hablar sobre el espectáculo al que asistía los domingos en un parque, o las historias de la Biblia. Así es, era católica de la vieja escuela. De esas que no faltan un solo domingo a misa y cada noche antes de dormir rezan un rosario.

Pues bien, un buen día mientras estaba sentado solo en la cocina y ella me platicaba cualquier cosa, de pronto se quedó en silencio por un momento, raro en ella, dejó el azúcar junto a la jarra de agua, volteó, me miró a los ojos y me dijo a boca jarro: “cuando muera, me voy a ir al cielo. El padre de mi iglesia ya me dio la llave para entrar”. Yo, incrédulo, le contesté que no creía que tuviera una llave para entrar por las puertas del cielo. Ella, algo ofendida, me contestó que sí y que además la tenía colgada para que siempre estuviera junto a su corazón.

Después de eso, cada día yo le insistía que me enseñara la mentada llave que abría las puertas del cielo. Ella por lo general se reía, pero nunca me la enseñaba. Hasta que un día, quizá cansada de mi necedad, me dijo que estaba bien, que me la iba a enseñar pero muy rápido porque muy pocas personas la podían ver. Yo estaba emocionadísimo, al final iba vería la llave mágica, esa que me imaginaba deslumbrante, de oro y de un tamaño descomunal. En eso, se quitó el delantal, buscó con la mano una agujeta sucia que colgaba de su cuello, la tomó y jaló para enseñarme lo que colgaba de ella. Al verlo me sorprendí. La pieza de metal en cuestión que colgaba de la agujeta no era para nada lo que esperaba. Era una llave común y corriente; pequeña y oxidada. Idéntica, o más maltratada, a las que tantas veces había visto tirada en la calle. Me quedé perplejo, y después de unos minutos rompí el silencio con un: “si así es la llave del cielo, no me quiero ni imaginar cómo es dentro. Cuando muera, prefiero quedarme aquí”.

Muchos años después murió. Y yo no pude comprobar si tenía la llave colgada del cuello.

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Responses

  1. Me hiciste recordar las historias terroríficas de la biblia que mi abuela me contaba. Toda la noche soñaba con caballeros negros y caballos llameantes que venían a llevarme a no se donde.
    ¡Ayyy, nanita!

  2. Incredulo… Bienaventurados aquellos que si ver crean.

    Ay! no mouse mickey que percinadote me vi.
    P.D. Senti que el climax de tu historia ( se quitó el delantal, buscó con la mano … ) sonabaasuspenso sí asi junto

  3. Oye, esa es una buena historia para convertirla en cuento, deberías escribirla. Es muy del estilo de García Márquez por ejemplo.

  4. Me agrada la forma en que narras; muy buena. Ah y la historia está como para querer un pan Bimbo, pero con mantequilla de cacahuate y mermelada de fresa… creo que iré por uno.

  5. Bonita historia. Saludos voli

  6. Me gusto la historia, ojala y tengas mas.


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