Posteado por: volovan | julio 14, 2009

Volován VS un triatlón

(Advertencia: el post está largo, igual que el triatlón.)

Después de cuatro meses de entrenamiento, dietas y demás sacrificios que me llevaron a ser un tipo aburrido, pero sano (me levantaba temprano para entrenar, hablaba de calorías y rutinas, y no me emborrachaba, vamos, ni siquiera comía helado. Era todo una señora de gimnasio), llegó el momento; haría el triatlón de Puerto Vallarta. No había más pretextos. Aquí lo que pasó.

Un día antes de la competencia, tienes que ir a registrarte y estacionar tu bicicleta en la ‘transición’. Así que me levanté temprano y fui. Ahí estaba yo con una bicicleta y un casco prestados, unas bermudas militares y unos tenis que compré en una barata, rodeado de personas hiperdesarrolladas, con bicicletasmuchomáscarasquemiauto y equipos que parecían más uniformes de Star Trek que ropa deportiva. Si en ese momento se hubieran puesto a seleccionar equipos como en la primaria, seguro escogerían al tipo obeso que vendía aguas antes que a mí. Me sentí fuera de lugar. Y por si no fuera poco, para el viaje tuve que desarmar la bicicleta. Me habían dicho que en el registro había un mecánico que me podría ayudar a armarla, y sí, lo había, pero cuando le pregunté sólo me contestó: “no, güero, yo sólo la ajusto. Tú la tienes que armar”. Mierda, creo que no armaba algo desde la navidad que me regalaron el Halcón Milenario. Pedí una llave, que después me enteré que se llamaba Allen como Woody, y me puse a armarla. Después de una hora, logré que las llantas de la bicicleta rodaran, sólo me faltaba hacerla frenar. Nah, nos estuvo tan difícil. Al final me registré, estacioné mi bici y me fui al hotel a esperar la competencia del siguiente día, el ‘gran día’.

La competencia era a las 7:35 de la mañana (así, como horario inglés), por lo que me desperté a las 6 de la mañana para preparar todo. A las 7 ya estaba en un taxi. Y a las  7:15, ya estaba de regreso en el hotel para recoger el casco que se me había olvidado. Llegué justo a tiempo para que me marcaran (te ponen un número en el cuerpo como en rastro), calentar un poco y meterme entre los competidores. De nuevo estaba rodeado de tipos hiperdesarrollados con trajes de baño como para tipos bien dotados. La verdad es que estaba nervioso, y más cuando nos explicaron cuál sería la ruta de natación. “Llegan a la boya que se ve allá, nadan a la otra de la derecha, de ahí a la última boya y salen por las escaleras”. Cuando le pregunté al tipo de enfrente si la primera boya era la que se veía ahí, me contestó: “no, es la del fondo”. Doble mierda, apenas si se veía. Eso era como nadar de Acapulco a Ixtapa con un brazo atado, en serio. Cuando estaba a punto de rajarme, nos llamaron para meternos al agua. ¿Quién dijo miedo? Me lancé al agua, sonó una sirena y comencé a nadar. No se veía nada entre el cardumen de hombre que me rodeaba. Alguien me jalaba, otro me daba una patada, uno más me metía un zape… Era una locura. Decidí hacerme un poco a la derecha para nadar más tranquilo. Una, dos, tres brazadas y respira; recordé que me habían enseñado. Así que me puse a hacerlo: una, dos, tres… carajo, ya me alejé un chingo. Ahora a nadar hacia el cardumen. Otra patada, otro zape. Ahora a alejarme del cardumen. Regresar… así me aventé el resto de la ruta hasta llegar casi a la última boya. La alcanzaba a ver, sólo me falta darle la vuelta y terminaría. Apreté en el último tramo; de pronto nadie estaba a mi alrededor. Seguro nadé en chinga, pensé, y por eso todo el mundo me echa tantas porras. Ay, iluso, las porras en realidad eran gritos diciéndome: “no es por ahí, regresa”. Sí, otra vez me había salido de la ruta. Al final encontré las escaleras y a tropezones salí.

Tenía que llegar lo más rápido que pudiera a tomar mi bicicleta y salir con ella a la ruta. Lo que no había planeado era que ponerte unos calcetines y unos tenis con los pies mojados, es un desmadre. Mientras los demás tomaban sus bicis y salían en menos de 10 segundos. Yo estaba sentado en el suelo metiéndome los tenis. Tres minutos me tardé en eso. ¡Tres! Ya en la calle me monté y comencé a andar. El recorrido de bici no estaba tan mal. Todavía no me sentía cansado, pero estaba seguro que me pasaría, así que no me exigí mucho. Además, la bici era lo que más me fallaba, pues sólo había andando en ella un par de veces y no entendía bien las miles de velocidades que tenía (¿a quién se le ocurre poner más velocidades en una bici de las que se pueden contar con las dos manos?). Tú tranquilo, pensaba mientras me rebasaban grupos y grupos de bicicletos. Hasta varias mujeres, que empezaron como media hora después que todas las categorías de hombres, me pasaron. No importa, tómalo con calma, me repetía. Después de la primera vuelta de 10 kilómetros, decidí apretar. Frente a mí iba un señor como de cincuentaytantos; me le acerqué, y comencé a andar más rápido. Entendió mi indirecta y el también aceleró. Eso se convirtió en una carrerita personal. Se adelantaba, lo alcanzaba. Me adelantaba, me alcanzaba. Se adelantaba, se adelantaba, se fue… Tómatelo con calma, me volví a decir. Todavía me faltaba lo más pesado; la carrera.

Después de 40 minutos, o algo así, dejar la bici. En la transición no tuve problema alguno; ni me di cuenta cuando ya estaba corriendo. Estaba a 5 kilómetros de lograrlo. Y, la verdad, todavía no me sentía cansado. Sí, sentía las piernas como las de Bambi cuando sale a patinar con Tambor… Eh, esto no es muy masculino, ¿cierto? OK, sí, me temblaban las piernas como las tetas de una baywatch (jujuju), pero me sentía con suficiente aire como para terminarlo. Poco a poco subí la velocidad. Llegué al ritmo que quería, y me mantuve así. Esta vez, no me rebasaban tantos. Bueno, sí, pero no tantos. Corría, corría y no me cansaba, me sentía como Forrest Gump. Lo mejor del recorrido fue cachar las botellas de agua que te aventaban en el camino, tomar un trago y verterme el resto a la cabeza, como todo un profesional; siempre había querido hacer esto. Para la segunda vuelta, apreté. Y por primera vez en toda la competencia, comencé a pasar a competidores. Se sentía rebíen hacer esto. A lo lejos ya se veía la señal de META. ¡Qué emoción! Corrí lo más rápido que pude. Un tipo se me acercó y me pasó. Por el número que tenía pintado en la pantorrilla me di cuenta que era de mi misma categoría. No me dejaría. Corrí más rápido. Él aceleró. Lo alcancé. Íbamos hombro a hombro. Faltaban pocos metros. Aceleré. De pronto, se escuchó a todo volumen Chariots Of Fire. El público se levantó y comenzó a gritar mi nombre. Por la emoción que sentía, todo se movía en cámara lenta: las manos que aplaudían en las tribunas, las alas de las palomas que soltaron en la línea de meta, los músculos de mis piernas, las gotas de sudor que resbalaban lento por mi cara, incluso el sonido de mi corazón se escuchaba pausado. Atravesé la meta antes que él. Alcé los brazos. Los demás competidores me levantaron en hombros… OK, no pasó así, pero me lo imaginé. La única que me gritaba en las tribunas era mi chica (por cierto, gracias por acompañarme, hermosa).

El tipo que llegó detrás de mí fue el lugar 21, yo el 20 de mi categoría; en total éramos 46, o algo así. Hice una hora con 31 minutos. La verdad es que, para ser mi primer triatlón sprint, no estuvo nada mal. Y sí, es verdad lo que dicen que los triatlones son como las Sabritas: no puedes hacer sólo uno. Ahora me prepararé para el de Huatulco.

Aquí la prueba de que lo hice:

Aquí un detalle de mis arrugas:

¿Qué pedo? Parezco Shar Pei. No me imagino cómo estaré a los 50 años.

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Responses

  1. Felicidades por tener los gumaros bien puestos y la voluntad para mantener la dieta, pero sobre todo por llegar a la meta.
    Eso de dejar las campechanas y las chelas y las carnes asadas los fines de semana esta medio dificil…

  2. Maravilloso…!!!, me emosione y me rei mucho con tu experiencia del triatlón

    Felicidades y porrras por adelantado para el segundo!!!!!

  3. Volovan!!! Volovan!!! felicidades!!!!!!! jajaja el detallaso de las arrugas esta genial jajaja nada que no se solucione con botox jajaja
    Ponle todos los gumaros para el de Huatulco y mucha suerte!!
    Por cierto me comi un helado a tu saludad, ya sabes pa´festejar jaja

  4. ¡cardumen de hombre!, me encanta la expresión. jejejejé. oye, felicidades. qué gusto. y sí, vaya arrugas. pero te van bien. muchas-muchas-muchas felicidades.

  5. Congrats. ^-^

  6. Volovan, qué padre que seas sano y no comas helado, ni te emborraches, ya somos muchos y el helado y alcohol no alcanza para todos.

    Mentira, está genial que en el primer triatlón te haya ido bien, mucha suerte en el siguiente y tú también zapea a algunos.

  7. no estuvo nada mal tu lugar, pero lo mejor fue sentirte satisfecho, para el proximo triatolon necesitas practicar con los pies mojados y ponerte los tenis jiji

  8. No, pues felicidades, y que huevos, eh?

  9. Wey, que chido, Felicidades¡

  10. orale, kedaste en el lugar 20, esta bien para ser tu primer triatlon, por lo ke lei, te supiste controlar a lo largo de la prueba, solo tengo una pregunta, como cuanto te salio todo el gasto del triatlon? lo pregunto por ke kiero hacer uno, pero pues todo el gasto seria mio (y soy estudiante que trabaha en vacaciones nomas U_U) y quiero saber cuanto ai ke ahorrarle =P

    PD: sabes si hay algun distribuidor en mexico de tenis brooks, mizuno o asics?

  11. felicidades… ¡

    y a tu chica ….que esas arrugas son de felicidad a q siii…

    exito en los siguientes ..

  12. Felicidades!!!!

  13. Más vale tarde que nunca: FELICIDADES MUCHÍSIMAS!!!!

  14. Guau! Yo me estoy entrenando para mi primer triatlón y por mas que buscaba la reseña de un novato como yo, nada de nada.

    Por fin escucho la versión de un mortal y me encantó.

    Muchas felicidades y nos cruzaremos en algún triatlón, yo también estoy segura que se vuelve adictivo.

    Y efectivamente concuerdo que el lugar 20 está increíble para tu primera vez!

    Mucha suerte en los próximos!


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